
Quinientas brigadas políticas estudiantiles, se desparramaban diariamente entre los sectores obreros, en sindicatos, fábricas y centros de trabajo en general; hacían pintas y pegas y distribuían millares de bolantes en autobuses, plazas, terminales de transporte y mercados, a la puerta de los cines, de las iglesias y centros de reunión.
Para explicar a la gente
nuestra lucha estudiantil,
a la calle nos lanzamos,
en brigadas trabajamos
y el pueblo nos puede oir.
nuestra lucha estudiantil,
a la calle nos lanzamos,
en brigadas trabajamos
y el pueblo nos puede oir.
Los estudiantes también integraron duetos, tríos y conjuntos musicales que subían y bajaban de los transportes, cantando canciones populares y principalmente políticas.
Yo llegué al mercado de Portales en el momento en que un autobús del IPN se detenía, saliendo de él como pajarillos alegres los integrantes de una brigada. Grandes y chicos divisamos el camión al grito de "los estudiantes! los estudiantes!" y en un tris los rodeamos en espera de aquellos discursos improvisados al calor de la lucha. Rápidamente tendieron un cable conectándolo a los ya instalados, para tomar energía eléctrica; treparon al techo del vehículo y, micrófono en mano, decían que salieron de sus escuelas para encontrarse con el pueblo que estaba siendo engañado por el régimen a través de la prensa arrodillada. Desde la banqueta, sumaba mi protesta a la de las mujeres que a esa hora andaban en el mandado y gritábamos cosas contra el gobierno de Díaz Ordaz y el resto de mafiosos.
Qué bello gesto de los locatarios! Muchas veces los vi abriéndose paso hasta llegar al camión, cargando cajas de legumbres, frutas y carne que regalábamos a los estudiantes, porque sabían que en las escuelas, ocupadas por los alumnos desde la suspensión de clases, se cocinaba para muchos.
Yo llegué al mercado de Portales en el momento en que un autobús del IPN se detenía, saliendo de él como pajarillos alegres los integrantes de una brigada. Grandes y chicos divisamos el camión al grito de "los estudiantes! los estudiantes!" y en un tris los rodeamos en espera de aquellos discursos improvisados al calor de la lucha. Rápidamente tendieron un cable conectándolo a los ya instalados, para tomar energía eléctrica; treparon al techo del vehículo y, micrófono en mano, decían que salieron de sus escuelas para encontrarse con el pueblo que estaba siendo engañado por el régimen a través de la prensa arrodillada. Desde la banqueta, sumaba mi protesta a la de las mujeres que a esa hora andaban en el mandado y gritábamos cosas contra el gobierno de Díaz Ordaz y el resto de mafiosos.
Qué bello gesto de los locatarios! Muchas veces los vi abriéndose paso hasta llegar al camión, cargando cajas de legumbres, frutas y carne que regalábamos a los estudiantes, porque sabían que en las escuelas, ocupadas por los alumnos desde la suspensión de clases, se cocinaba para muchos.
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