miércoles, 25 de febrero de 2009

El atajo de Erasmo


Erasmo me enseñó otro camino a la casa, un atajo. Erasmo, mi excompañero de cuarto, durante toda la universidad se presentó como chucho. Al llegar a Cuernavaca, cansado de la abundancia del hipocorístico chucho, prefirió Erasmo. Él es el segundo Erasmo en el grupo de biofísica. El primero es de Monterrey, y sólo espera fecha para su examen doctoral. Erasmo regio me enseñó un atajo. Dimos vuelta en la calle de La Gringa’s II. Me preguntó por la comida callejera de Hermosillo y le conté de los dogos, los burros percherones, la carne asada y los carritos de sushi. Le sorprendió el sushi Sonora con carne asada. Después recordó los narcolaboratorios descubiertos en Michoacán y me contó una historia de un narco famoso en Monterrey, Don Pepe. Cuando Don Pepe apenas era un Chepe cualquiera, decidió salir de su pobreza, de su trabajo en la maquiladora, de su colonia sin pavimentar. Estaba cansado de que las vecinas lo despertaran porque Negro, su perro, tiró basura o mató algún gato, de que el camión de la basura pasara tocando las campanas muy en la mañana sin pararse a recoger basura. Así decidió empezar en su patio un cultivo de mariguana. Con sus ahorros Chepe hizo los preparativos, puso barda y techo en el patio, compró tierra buena, fértil, libros para aprender a cultivar. Después de un tiempo, aun trabajando en la maquiladora, germinaron las semillas, dos meses más tarde las plantas ya medían quince centímetros. Viendo más cerca el inicio de su nueva vida le habló a su primo para contarle sus planes y pedirle ayuda. Compró un arma y siguió su vida normal; en las mañanas se despertaba a las seis, revisaba su huerta, desayunaba y daba de comer a Negro, se alistaba pues a las siete y cuarto pasa el camión de la maquiladora. Al terminar su jornada laboral ya no paseaba por el centro ni regresaba caminando a su casa, tomaba el camión de la maquiladora que lo llevaba de regreso a su casa alrededor de la siete de la noche. Revisaba su huerta, cenaban él y Negro y después aprovechaba el tiempo para arreglar el sistema de riego. Una tardé al entrar a su casa Chepe vio el piso lleno de tierra y restos de plantas, corrió al patio y vio que la puerta estaba abierta, salió al patio y encontró a Negro destrozando las plantas, haciendo hoyos la tierra. Recordó que en la mañana al salir de su casa no le dio de comer al perro por despertarse tarde y que al escuchar el camión salió corriendo de su casa sin cerrar la puerta del patio. La noche anterior él y su primo salieron a un bar a celebrar el buen tamaño de las plantas y su próximo cambio de vida, tomaron de más y llegó tarde, por lo que no se pudo levantar temprano. Se quedó en silencio viendo cómo el animal destrozaba su sueños, y además se daba cuenta que la culpa de todo lo tenía él; caminó a su cuarto sacó la pistola regresó al lado del perro y le disparó, -la mafia es pequeña pero no perdona – dijo Don Pepe. ¿Sabes dónde estamos? En Defensa Nacional - respondí. Me dijo que tomara la calle frente a nosotros y así llegaría a la tienda que está a la vuelta de mi cuartito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario